Fue un 9 de noviembre de 1924 con Schmid (Chevrolet) y Latino (Rugby). Una apuesta que acaparó la atención de miles de puntanos y que, hasta hoy, nadie igualó.

El blog In{bici}ble que refleja hechos históricos y curiosidades de nuestro San Luis, hizo un posteo que, realmente, nos llamó la atención. (Aqui)

Ocurrió hace 96 años, un 9 de noviembre de 1924 en un San Luis donde aparecían en escena los automóviles y su pasión.

Dos grandes agencias ya estaba instaladas en la ciudad. Chevrolet, a cargo de Arnoldo Schmid, y Rugby, marca comercializada por Ernesto Latino.

Nadie sabe porqué, aunque muchos indican que se trataba de una excelente campaña publicitaria, Schmid decidió plantear un desafío.

«Para mañana domingo 9 de Noviembre, de 5 a 6 de la tarde, se desafía a todas marcas de automóviles a subir la pendiente del Desaguadero del Dique Chico del Chorrillo, donde se hallará un Chevrolet tal como sale de fábrica, sin preparación especial que realizará la prueba para demostrar la superioridad sobre sus competidores», decía un aviso en el por entonces Diario La Reforma del 8 de noviembre de 1924.

Obviamente, el público colmó la vera del río porque ver al representante de «Chevrolet» trepar la pendiente, era promesa de buen espectáculo.

Para que el show comenzara, solo faltaba un rival y allí apareció Ernesto Latino, propietario de la agencia de vehículos “Rugby”.

In{bici}ble hace referencia al libro Relatos del Viento de Jorge Sallenave. En él aparece la historia pero contada por «Tota», una de las hijas de Schmid.

Ella señala que su padre había ido a preparar el terreno con un mes de anticipación y que había realizado algunas pruebas. «El auto tenía problemas para subir. Siempre se plantaba, como si le faltara nafta», señala.

Latino, el día de la competencia, obviamente que no sabía nada de esto y, según se dice porque no hay documento escrito, aceptó el desafío que establecía que el perdedor debería entregar su auto a quien ganara.

La tarde en que midieron fuerzas las dos marcas, se determinó que el «Rugby» abriría la prueba con tres intentos. A la primera encarada el auto subió unos metros, cuando de repente detuvo su marcha. En la segunda chance, volvió a ocurrir lo mismo. Y a la tercera, aunque mantuvo regulando el motor, quedó de nuevo plantado, como el «Chevrolet» en sus prácticas preliminares.

Al llegar su turno, Schmid subió a su Chevrolet y en lugar de encarar para el murallón, si dirigió en sentido contrario.

Muchos pensaron que abandonaba hasta que pudo enganchar la reversa. Avanzó entonces marcha atrás y lentamente fue trepando la pendiente del vertedero.

Ante la sorpresa de todos, el «Chevrolet» había alcanzado el punto más alto del muro. La clave, según explica “Tanti” Scarpati -nieto del triunfador y ex corredor de automovilismo-, estuvo en que estos autos no tenían bomba de nafta. «El sistema para que llegara nafta a los pistones, era por una simple cuestión de declive”, subraya.

Mantener la trompa hacia abajo, ese fue el secreto. El tanque trasero enviaba combustible sin detener el motor nunca su marcha. El detalle lo había advertido únicamente Schmid.

Con respecto a la apuesta, su hija «Tota» ignora en qué terminó. Para «Tanti» quedó en una anécdota, ya que ambos conservaron sus vehículos.

Sin embargo, Latino movió influencias y se vengó. Resulta que era cuñado del intendente Cantissani con quien resolvió aplicar un mayor costo de patente a los Chevrolet y otras marcas, aunque no así a los Rugby.


Fuente y Fotos: In{bici}ble