Un 12 de noviembre de 1963 y tras sufrir un accidente vial al salir de la cancha de Independiente, muere el por entonces boxeador mercedino José María Gatica. Nacía la leyenda.

Un día como hoy, hace 57 años, José María «Mono» Gatica, el que había sido ídolo de multitudes y que había caído en desgracia, perdía su vida tras luchar contra las graves lesiones sufridas por un accidente vial.

José María Gatica había nacido en Villa Mercedes un 25 de mayo de 1925 producto de la unión de Tomasa y José Gatica. Tenía cuatro hermanos. Ellos eran Luis Amílcar, Fermina, Jesús y Flora.

La primera parte de su infancia transcurrió en su ciudad natal donde los Gatica disfrutaban de un buen pasar hasta que sufrieron un siniestro en el kiosco de la estación local, propiedad de la familia. Su padre intentó empezar de nuevo, sin suerte. Entonces su madre decidió marcharse a Buenos Aires junto a José y sus dos hermanas.

Producto de la crisis económica y social en la Argentina y pese a estar en la gran ciudad, José María dejó de concurrir a la escuela para emplearse en diversos oficios como vender pastillas en Plaza Constitución o lustrar zapatos en el bar “El Ancla”.

Cerca de allí estaba la Misión Inglesa, una institución creada para que los marineros de esa nacionalidad pudieran desarrollar actividades de diverso tipo.

Entre otras cosas se practicaba boxeo. Allí Gatica ganó sus primeros pesos peleando. Era apenas un adolescente y ya empezaba a mostrar sus condiciones sobre el ring.

En 1942, ya volcado plenamente a ese rudo deporte, pierde la final con Alfredo Carlomagno en el campeonato sudamericano de Ecuador.

Un año más tarde vuelve a competir en el mismo certamen representando a San Luis en la categoría pluma y en 1944 se clasifica campeón pluma en el campeonato Guantes de Oro.

Así culminaba, brillantemente, su trayectoria como púgil amateur..

La primera pelea de Gatica en el campo profesional fue el 7 de diciembre de 1945 ante Leopoldo Mayorano y ganó por nocaut en la primera vuelta.

 

A Gatica, nacido en San Luis, le gustaba que le llamaran “Tigre” y no “Mono” como lo apodaron despectivamente. Fue uno de los púgiles argentinos más populares de la historia.

En total, a lo largo de su carrera, realizó más de noventa combates: ganó ochenta y cinco (setenta y dos por la vía rápida), perdió siete y empató uno. El restante fue sin decisión.

En diciembre de 1947, luego de tres meses de noviazgo, se casa con Ema Fernández, acomodadora del circo Shangri-La.

Allí la conoció José María, que acudía los lunes a los festivales organizados por el partido peronista. Tuvieron una hija, María Eva.

Su segunda compañera fue Ema Guercio. Con ella transitaría su época de mayor esplendor sobre el cuadrilátero. La última fue Rita Armelino. Se conocieron en el Club Atenas de La Plata, cuando estaba entrenando para volver a combatir (después de 1955 se le había retirado la licencia como púgil). Fruto de esta unión nacieron Viviana y Patricia.

La gran oportunidad de su carrera la tuvo Gatica el 5 de enero de 1951 al combatir con el norteamericano Ike Williams por el título mundial de los livianos.

Hoy José María Gatica cumpliría 90 años, uno de los grandes personajes del  boxeo argentino - Télam - Agencia Nacional de Noticias

Derrotado en el primer asalto constituyó una de las grandes decepciones en la historia del deporte argentino.

El escaso entrenamiento realizado para dicha pelea conspiró contra sus posibilidades. Tal vez, este punto fue una de sus mayores deficiencias como profesional.

Pero José María Gatica está sin lugar a dudas en la vereda de los ídolos populares. Lo seguían verdaderas multitudes. Catalizador de lo que la tribuna popular quería ver sobre el cuadrilátero, llegó a convocar a más de veinticinco mil personas, dejando otras cinco mil en las adyacencias del Luna Park. Fue el único boxeador que colmó este estadio un día miércoles en una de sus tantos y aclamados cruces con Prada.

Generoso como pocos. Alfredo Carlino (poeta y ex boxeador) sostiene que José María era un símbolo para la gente del interior llegada a Buenos Aires en busca de un mejor destino. “La gente iba a ver ganar a Gatica. Ganando Gatica ganaban ellos”.

Gatica era la expresión del pueblo en una época de polarización política extrema. En torno al cuadrilátero surgieron los más profundos enconos. Ver pelear al “Mono” significaba dividir al Luna Park en peronistas y antiperonistas, en descamisados y “contreras”. Símbolo de lo que ocurría fuera del ring, la afición tomaba partido a favor o en contra de lo que él representaba. Y José María no era indiferente a ello.

En el libro “El mono Gatica y yo”, de Jorge Montes, Samuel Emilio Palanike cuenta cómo su amigo se paraba antes de una pelea en las cercanías del Luna Park para repartir entradas a la gente de condición humilde. “- A todos los que andan en camisa el señor Gatica les obsequia una entrada. Los de saco son oligarcas y por lo tanto no la necesitan. Dicho lo cual repartía el talonario entre los descamisados”.

Tras la caída del gobierno popular, comienza la curva descendente en la carrera de José María Gatica. Se le irían cerrando las puertas, fundamentalmente, por su adscripción peronista.

“Su último combate fue frente a Jesús Andreoli, una fría noche del 6 de julio de 1956 en el Lomas Park, un ya desaparecido gimnasio de la calle Oliden, de la ciudad de Lomas de Zamora, en la provincia de Buenos Aires. Luego de vencer a su rival por nocaut técnico en el cuarto round, fue detenido inmediatamente por la Policía que lo estaba esperando, porque su sola presencia significaba un grito de resistencia peronista”, decía Víctor Lupo.

Para poder subsistir intervino en en veladas pugilísticas de escasa categoría y exhibiciones de catch (lucha) siendo la más recordada con Martín Karadagian en La Bombonera.

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También tuvo que desempeñarse en distintos oficios. Fue profesor de educación física del Centro Deportivo Nº 2 de La Plata. A su vez trabajó en dos restaurantes, donde su sola presencia era la atracción principal.

Un 10 de noviembre de 1963, Gatica decidió ir a la cancha, no solo para vender «muñequitos», sino para ver a su «Rojo» contra River Plate en Avellaneda.

Independiente había ganado 2-1 y Gatica estaba eufórico por el resultado y por unas copas de más.

Fue así que salió del estadio, cruzó el Riachuelo y la esquina de Herrera y Pedro de Luján, ya en el barrio de Barracas en la ciudad de Buenos Aires, el «Mono» decidió subirse a un colectivo de la línea 295.

El «micro» no paró y Gatica intentó subir igual pero no pudo hacer pie en el estribo y fue aplastado por las ruedas traseras. Su cadera quedó destrozada. Sufrió fracturas en las costillas, en las vértebras y en la pelvis.

Lucho y aguantó hasta donde pudo. Dos días después, un día como hoy en el Hospital Rawson y con solo 38 años, Gatica murió.

Tal vez para muchos José María Gatica ya había muerto antes pero la realidad indicó que para el pueblo, el “Mono” seguía existiendo.

La noticia del fallecimiento rápidamente «se viralizó». El público que durante la noche había estado esperando frente al hospital Rawson, fue arribando a su velatorio que se hizo en las instalaciones de la Federación Argentina de Box, sita en la avenida Castro Barros de la Ciudad de Buenos Aires.

Desde allí, el cortejo fúnebre se dirigió hacia el cementerio de la Ciudad de Avellaneda, donde Gatica fue sepultado.

Cincuenta años después, un 24 de mayo de 2013, sus restos fueron trasladados y depositados en un monumento erigido en la puerta del Palacio de los Deportes que lleva su nombre, en Villa Mercedes.

El féretro, como reconocimiento al púgil, fue colocado en posición vertical.

Palacio Municipal de los Deportes José María Gatica - SanLuisWiki


Nota: Redacción  Fotos: El Gráfico / Archivo